El canal 9, entonces de la Universidad de Chile, transmitía Mafalda en dibujitos animados hasta el Golpe. Por “tendenciosa y destructiva” (palabras de Jaime del Valle) se le hizo desaparecer de nuestras pantallas. Desaparecida, pero nunca olvidada.

En estos tiempos a Mafalda se le confirmarían todos sus temores sobre los chinos, pero seguiría desconfiando de los bastones de la policía (“el palito que abolla las ideologías”) y retando al mundo –hablándole al globo terráqueo– que se debe portar mejor. Pacifista y ecologista, todas las advertencias y reflexiones fueron para los niños y niñas que la leyeron –y los de ahora, como mi nieto y nieta– parte de su (de)formación cívica.

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