Por Jorge Montealegre

A pesar de trabajar en Las Últimas Noticias, de la empresa El Mercurio, cambiando de estilo y seudónimo se las arreglaba para colaborar en Cauce, quizás la revista más odiada por Pinochet. No callaba su su opinión política. Está en las viñetas para Cambio 21 y en su libro “Y Piñ-era mucho… poquito… nada… o como sobrevivir al ‘tusunami’”. En las páginas en que no podía dar su opinión política dibujaba tiras futboleras. Así, desde 1982 publicó Ñoñobáñez (caricatura basada en el técnico Luis Santibáñez) en el suplemento deportivo de LUN.

Lo pelamos un buen rato: Ya que a los dibujantes se les quitó la posibilidad de obtener el Premio Nacional de Periodismo, ¿por qué no se le da a José Gai que es buen periodista y buen dibujante? Lo merecía por ambos lados. Así rescatamos el premio de a poco. Cierto. ¿Y por qué no publicar la serie de caricaturas que Pepe Gai hizo sobre los diversos oficios periodísticos que publicó en A toda prensa? Esos originales –donados por el autor– están enmarcados en la oficina de la presidencia del Consejo Nacional del Colegio de Periodistas. Era buena idea y José Gai dijo que bueno. ¿Cuándo nos juntamos? Como otras cosas, quedó pendiente ese librito que nos encargó Douglas Hübner, presidente del Círculo de Periodistas.

Releo una crítica de Camilo Marks a su novela más premiada: “Hay que decirlo sin reservas: Las manos al fuego, de José Gai, es la mejor novela negra que se ha escrito en Chile durante mucho tiempo […] Gai ha logrado una proeza digna de ser aplaudida, tanto por su fidelidad y apego al modelo que escogió como por resultar airoso frente a colegas que apenas saben hilvanar una historia” (Página abierta, 2006). Ese era el nivel de reacciones que suscitaba la narrativa de José Gai, autor de cuentos magníficos que eran lectura más que sugerida en los talleres de Pía Barros. Sin ser un canje, su otro-yo de dibujante ilustraba cuentos de otros autores en los trípticos que formaban los libros-objeto que Pía publicaba como editorial Ergo Sum. Rápido, diligente, sin aspavientos, respondía solidariamente al pedido. Ese espíritu estaba en sus colaboraciones para Tiro & Retiro, de los años 80, revista underground publicada bajo dictadura. En esos años, a pesar de trabajar en Las Últimas Noticias, de la empresa El Mercurio, cambiando de estilo y seudónimo se las arreglaba para colaborar en Cauce, quizás la revista más odiada por Pinochet. No callaba su su opinión política. Está en las viñetas para Cambio 21 y en su libro Y Piñ-era mucho… poquito… nadao como sobrevivir al ‘tusunami’.

foto mercadolibre.cl

En las páginas en que no podía dar su opinión política dibujaba tiras futboleras. Así, desde 1982 publicó Ñoñobáñez (caricatura basada en el técnico Luis Santibáñez) en el suplemento deportivo de LUN. Están registradas en el libro Ñoñobáñez, 20 años de fútbol chileno. Siempre sobre fútbol, reunió sus colaboraciones para La Nación (firmadas por Bwana, otro de sus seudónimos) en el libro Sabor a Gol, de 1997. En ese diario ilustraba también las crónicas de Pedro Lemebel, que han sido rescatadas en libros sin esas ilustraciones tan adecuadas y artísticas. Porque era un artista muy completo, lo que se puede constatar en la saga de novelas gráficas Capitán Garra y otras que connotan no solo su talento plástico sino también la seriedad de sus investigaciones de épocas. En fin, José Gai muchas veces no firmaba: era callado hasta para eso. Con variedad de estilos y seudónimos para una versatilidad y modestia admirables. Amable. ¿En qué estás? ¿Cuándo nos juntamos?

[ Artículo publicado también en Eldesconcierto.cl en homenaje al recién fallecido artista José Gai.]